miércoles, 20 de abril de 2016

PÓRTICO

PÓRTICO
Llueve en este atardecer del día veinte del mes de abril. El suelo venezolano se moja después de un terco periodo de sequía. Desde hace algún tiempo había echado a su suerte algunas semillas que pretenden el candor de la floración poética, dejándolas a veces huérfanas en el silencio. El olor a tierra mojada de este día excita en mí el atrevimiento liberador de la palabra, y ésta modesta plataforma de comunicación que constituye mi blog me permite abrir la posibilidad de germinación a esos brotes de escritura como un ejercicio, para quien como yo, solo pretende sostener con merecimiento la condición de  aprendiz en el hacer y en el compartir de esa maravillosa e infinita labranza como lo es la literatura.
Escribir siempre es un compromiso serio, no en vano la humanidad ha invertido tanto de su existencia a esa virtud que cuenta y constituye historias y vida. Por tanto, cada palabra, cada intensión de atrapar los sonidos del pensamiento en el artificio del decir escribiendo, con ritmos e imágenes en las entrañas de cada frase, resulta en alto grado una delicada labor que nos somete al escrutinio de nuestro tiempo, con su dosis de condena o absolución por las derivaciones éticas, estéticas, morales, en fin, humanas, en el complejo devenir de los seres que constituyen el “nosotros” desde cualquier perspectiva.
Sea esta otra manera de estar en el entramado acontecer donde nos necesitamos. Es este parte de mi territorio, y desde aquí aspiro tomar la bocanada de poesía que requiero para sentirme vivo.
Sean ustedes bienvenidos al SOLAR DE LA PALABRA, compartan aquí, en días de sol o lluvia, en noches de lunas y estrellas o en la penumbra abrazadora de las horas, lo que este humilde servidor le ofrece. Si gustan aderezar el momento con un poco de café o algún trago de buen licor, o sencillamente con la gentileza de su amable y critica lectura, háganlo con toda confianza y considérense en casa, cariñosamente cobijado en la frescura de mi viejo árbol de vera, él sabe mucho de conversas y confidencias según dice la brisa,  quien por cierto, en este momento, habla otra vez del frio y otras aventuras celestes.


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