En aquel tiempo, cuando en junio todavía llovía por
estos lados y la gente creía en los milagros, cayó otro ángel del cielo.
No se sabe si
fue por los ventarrones o por alguna razón especial, pero aquel ángel vino a caer precisamente en Portachuelo, un pueblo del que decían, había sido olvidado por Dios.
El ángel trae una misión para este pueblo, Así se supo
por boca de unos de los tripones del caserío quien ayudo al ángel a reponerse
de un aterrizaje un tanto aparatoso entre los matorrales de amargoso.
Ese mismo día, el ángel convocó a una reunión a la
gente del pueblo para dar inicio a su misión celestial, pero tuvo que suspender la asamblea porque fue
muy poquita gente. Entonces, entre los presentes allí decidieron, por
unanimidad, que convocarían para el día siguiente y Ángel, como ya le empezaron
a decir por pura confianza, pasaría la noche en casa de Rafael Ventura, porque
la casa de él era la más grande del pueblo. Rafael Ventura le consultó a su
mujer y ella no puso “peros”, más bien se sentía orgullosa porque su casa
siempre era tomada en cuenta para cualquier eventualidad y eso le daba más
jerarquía a la familia.
-Esa es una tradición familiar- decía Rupertina. Mi
papá nos enseñó a prestarle aposento a los peregrinos.
Lo cierto fue
que Rafael y Rupertina se llevaron al ángel para su casa. En el trayecto a a la
casa de los Ventura los muchachitos se le pegaban atrás al extraño visitante, con la intención de arrancarle una que si otra
pluma de las alas y que para la suerte. ( para mí que eran ordenes de la gente
mayor que les daba pena o temor a caer por inocentes, como cuando vino el circo
y algunos cayeron con el truco de la mujer partida por la mitad).
El ángel era muy calladito y si hablaba era para
espantar a los perros que también le fastidiaron durante casi todo el
recorrido.
Llegaron por fin a la casa. A Rafael le llamó la
atención que los loros se alborotaron y una
bandada de pájaros se posaron en el naranjillo. “Serán familia” pensó Rafael.
Una vez que pasaron al corredor de la casa, Rupertina
pasó directo a la cocina y mirando en la despensa se pregunto: ¿Que comerán los
ángeles?, creyó que lo más indicado era ofrecerle frutas y un agua bendita que
tenía en el altar de los santos, y eso le sirvió. El ángel comió, sobretodo
mangos y cambures, el agua se la bebió de un solo sorbo. Rupertina le dijo: Buen provecho señor Ángel, y se fue a seguir haciendo sus oficios.
Rafael le dijo al ángel:
- Bueno amigo ángel, siéntase como en su casa, mañana
será otro día. La reunión será a las dos, porque usted sabe que por aquí la
gente trabaja en la mañana y ya a las dos están en su casa. Mi hija Juana se va a encargar de avisar en la bodega
de Juan Antonio, en la Escuela, con la maestra Albita, y en la quebrada donde
van a lavar las mujeres y hasta en la esquina donde los muchachos van a echarle
broma a los demás.
Al llegar la noche, Rupertina se pregunto: ¿cómo
dormirían los ángeles?, Y al preguntarle a
Rafael éste le contestó:
- Como va a ser mujer, tú no ves que tienen alas como
los pájaros, lo mejor será ponerle un estantillo atravesado en el corredor para
que duerma allí.
Y así lo hizo, pero el ángel le dijo que no, que él
dormía flotando, que no se preocuparan. Entonces Petra le dijo:
- Ah bueno… flote ahí pues, cerca del altar de los
santos y que pase buenas noches.
Y se fueron a dormir.
El ángel se acomodo como una nube, recogió sus alas y
durmió de espalda a los santos. Sabrá él porque.
Cuando cantó el gallo y Rafael se levantó, ya el ángel
estaba levantado con las alas estiradas. Se le veía más descansado y con más ánimo.
Rafael entonces lo invito para que lo acompañara a arriar los chivos y el ángel
aceptó.
Caminaron por esos montes pastoreando a las cobras y
chivos y el ángel se puso conversador. Le agradeció a Rafael y a su familia por
la hospitalidad y le dijo que su misión era promover el amor entre las
personas, le habló del Corintios 13, y Rafael escuchó atento a su entusiasta predicación. Finalmente
Rafael le dijo a su acompañante:
-Mira Ángel, eso que me dices es muy bonito, pero es
que la gente de este pueblo ya no quiere creer en nadie. Algunos hasta dicen
que tu eres un político disfrazado o algún vendedor, en fin, yo creo que nosotros, los mortales, no los de
plumas como tú, lo que tenemos que recuperar es la confianza entre nosotros
mismos. Vamos a la reunión, ojala la gente vaya, y luego veremos cómo le
entramos al asunto.
Se regresaron entonces, calculando que llegarían a
buena hora para almorzar e ir a la reunión.
Cuando iban llegando a casa de Rafael vieron una
aglomeración de gente abarrotada en la
casa, esperando ansiosos la llegada del ángel. ¡Ahí viene¡- gritaron los
chiquillos… y todos se arremolinaron en torno al ángel y a Rafael. Le
aplaudieron y sin darles tiempo ni de llegar a la casa, menos de almorzar, improvisaron
una tarima y encaramaron al ángel allí
para proceder luego a organizarle el evento, pero de acuerdo a lo que la gente
pensaba que sería la cosa.
-Muy bien- dijo Esteban, el más avispado en asuntos
públicos.-Vamos en orden, tal como lo planeamos. Primero, las mujeres embarazadas,
después los viejitos y por último los más jóvenes. Los niños están
representados por sus taitas.
Subió una mujer embarazada y le dijo al Ángel:
-Señor Ángel, yo quiero que me diga si la criatura que
voy a tener es hembra o varón.
Esteban anotó la pregunta y dijo: Todo a su tiempo,
las respuestas a sus inquietudes serán para el final.
Subió otra mujer embarazada y dijo:
-Mi dulce señor, yo lo que quiero es que Juan Andrés,
el padre de esta criatura asuma su responsabilidad y no ande diciendo que el
muchacho no es de él.
Así pasaron varias mujeres embarazadas y tocó el turno a los viejos:
Unos pidieron que le diera remedios para el
reumatismo, otros para la vista, otros para recuperar su entusiasmo en cuestiones
de amoríos, otros que le concediera la
gracia de regresar a su mujer a la casa. En fin, los viejos pidieron cosas algo
complicadas para un ángel que no alcanzaba a comprender aquella larga lista de
peticiones.
Los jóvenes un poco mas recatado hicieron sus peticiones
por escrito y no faltó quien le solicitara datos confidenciales sobre la
lotería, o que le indicara la pareja ideal. El ángel cada vez más confundido
llamo a Rafael y quiso conversar a solas
con él.
-Paciencia- dijo el animador del evento -nuestro amigo Ángel tiene su propio secretario.
Cuando la gente ya se comenzaba a impacientar,
pensando que era uno de los tantos
vividores que ha visitado el pueblo, el ángel se incorporo y dijo:
-Mi padre me ha encomendado una misión que yo pensé
sencilla y les confieso que es más complicada de lo que imaginé. Vine a
predicarles el amor, un sentimiento que puede resolver toda esa larga lista de
problemas que me habéis presentado y comprueba que han desplazado aquella vieja
enseñanza de amar al prójimo como a vosotros mismos, por cuestiones banales, o
que carecen de sentido si no están precedidos del amor.
He aquí al verdadero ángel- y señaló a Rafael- este
hombre con su sencillez y humildad con su sabiduría es la promesa de un amor
que nace en su familia, en su trabajo en su hospitalidad y confianza en el
prójimo. El no tiene mayor fortuna que sus sentimientos. Yo soy, entre ustedes
otro ángel caído.
Cuando dijo esto, las alas se le comenzaron a
desaparecer y una lágrima comenzó a rodar por su mejilla.
-Heme aquí entre ustedes, dispuesto al sacrificio-
dijo el ángel, y agregó:
- Que sea la voluntad de Dios la que nos guie en este
laberinto.
Algunos se retiraron decepcionados, otros sorprendidos
por la metamorfosis del ángel, lo acogieron como uno más de su comunidad.
Desde ese día,
el ángel, o Ángel como decidieron llamarlo, junto a Rafael y Rupertina vieron crecer su
rebaño de cabras y sus plantas dieron más frutos, las mujeres preñadas parieron
y criaron a sus hijos, los viejos resignados pero felices esperaron sus últimos
días, contándole a sus nietos la historia del otro ángel caído, y los jóvenes, atrevidos y audaces con planes
futuristas para el caserío, quieren que
Portachuelo lleve el nombre de El Ángel de Portachuelo y organizan recolectas y
solicitudes para que la Alcaldía construya
un dispensario, una cancha deportiva, una iglesia que acepte a católicos y a
evangélicos sin distinción y mejoren la escuela.
El ángel se hizo mortal, pero el pueblo comenzó a
florecer como ejemplo del amor entre los hombres. A pesar de todo, de lo
difícil de las misiones de los ángeles, la confianza en la convivencia y en el
trabajo es el milagro que nos acerca al amor que algún día develará sus
misterios y signara cada acto de nosotros, los simples mortales.
Nelson Ures