EL
DILEMA DE LOS MUCHOS.
El
taladro de la ciencia se empeña en perforar los oscuros muros de una realidad
sin fin. El dilema del saber, la incesante búsqueda ante la demanda que plantea
cada necesidad en la marcha de la vida.
Los
comunes, los anónimos, los muchos, estamos seguramente, al margen de los
alcances actuales de la ciencia y la tecnología. La carrera es desigual y muy
probablemente sólo una elite ostenta y controla conocimientos vedados para esta
amplia gama de la humanidad, y ello por
alguna razón especifica, ya sea por seguridad o por interés económico (ambos
aspectos muy vinculados a lo político).
Tal
vez la mente humana sea la que más exploración haya tenido en la oficiosa e
incesante labor de los científicos. Más que el planeta Marte, o la búsqueda de
vida en alguna galaxia cualquiera, es
nuestro cerebro y todo lo vinculado al pensamiento y a la espiritualidad
humana, el universo de mayor exploración
por quienes se erigen como los predestinados a regir los destinos del planeta,
pues está visto que es por esa vía que
los grandes centros de poder pueden alcanzar sus más estratégicos objetivos a
corto, mediano y largo plazo.
La
incertidumbre de la actuación humana ya tiene sus parámetros, y la posibilidad
de incidir en la voluntad de las grandes poblaciones por encima incluso de su
cultura y sus soberanas determinaciones es el campo de conquista es este
siglo. La tendencia conductual, que en
un mundo globalizado es más manipulable, permite colocarnos en un escenario de
juego bajo los designios de quienes, a partir de planes preconcebidos, tienen
los controles a su dominio y voluntad.
Todo
el basural del consumismo tributa a esa impresionante zombinización de las
generaciones humanas, sometidas, como nunca, a irracionales fuerzas de
descomposición. Héroes y villanos se intercambian roles para disputarse el trofeo
holocaustico en una confrontación donde el mal menor puede ser tan dantesco
como el propio exterminio. Solo las fechas parecen variar en una historia donde
los métodos de muerte buscan
perfeccionarse a niveles de horror.
La
dinámica actual de lo que llamamos comunicación ha roto todos los paradigmas
conocidos, y es esa una de las vías por medio de la cual la conducta humana se
induce a capricho de la inhumana tiranía de la ambición. No sabemos incluso si
al oponernos a los monstruosos efectos de un postmodernismo perverso, estamos
también atendiendo al influjo de alguna dinámica aun más perversa que la que
pretendemos adversar. Esa incertidumbre que nos hace dudar de todos los modelos
sociales, que nos hace dudar de la realidad más que de la vapuleada verdad, es
tal vez un estado psicosocial que los nuevos mecanismos de la colonización han
puesto a andar en esta conmocionada aldea de la vía láctea.
La
religión y la ciencia nos tienen a su merced, nos han perforado el espíritu,
nuestro sustrato más sensible, y los imperios han sido los grandes
beneficiarios en esta cruzada generadora de miserias, guerras, muertes y
desconcierto. La enajenación se ha apoderado de todo intento emancipador del
saber y estamos ante la encrucijada del eterno dilema de “ser o no ser”.
Una
nueva filosofía tal vez deba emerger de estas ruinas de la historia, una
llamarada que ilumine el horizonte, ésta es quizá la opción optimista en la
tragedia, o tal vez, colocándonos al
otro extremo, sea necesario otro mundo,
si no queremos terminar como la pavorosa
profecía hecha cierta en la obra máxima de Gabriel García Márquez “Cien años de
soledad” y cuando nosotros, los comunes,
los anónimos, los muchos, hayamos terminado de descifrar los pergaminos, tal
vez entonces nos percatemos, ya sin remedio, que “…las estirpes condenadas a cien años de
soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”
17-05-2018

Sencillamente genial, me gusta y mucho, voy a subirlo a mi muro, un abrazo!!!
ResponderEliminarSencillamente genial, me gusta y mucho, voy a subirlo a mi muro, un abrazo!!!
ResponderEliminarSaludos hermano, honrado de su deferencia respecto a este texto.Por tanto me enaltece que lo comparta. Un abrazo
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