domingo, 30 de septiembre de 2018

El dilema de los muchos


EL DILEMA DE LOS MUCHOS.
El taladro de la ciencia se empeña en perforar los oscuros muros de una realidad sin fin. El dilema del saber, la incesante búsqueda ante la demanda que plantea cada necesidad en la marcha de la vida.
Los comunes, los anónimos, los muchos, estamos seguramente, al margen de los alcances actuales de la ciencia y la tecnología. La carrera es desigual y muy probablemente sólo una elite ostenta y controla conocimientos vedados para esta amplia gama de la humanidad,  y ello por alguna razón especifica, ya sea por seguridad o por interés económico (ambos aspectos muy vinculados a lo político).
Tal vez la mente humana sea la que más exploración haya tenido en la oficiosa e incesante labor de los científicos. Más que el planeta Marte, o la búsqueda de vida en alguna galaxia cualquiera,  es nuestro cerebro y todo lo vinculado al pensamiento y a la espiritualidad humana, el universo de mayor  exploración por quienes se erigen como los predestinados a regir los destinos del planeta, pues está visto que es por esa vía  que los grandes centros de poder pueden alcanzar sus más estratégicos objetivos a corto, mediano y largo plazo.
La incertidumbre de la actuación humana ya tiene sus parámetros, y la posibilidad de incidir en la voluntad de las grandes poblaciones por encima incluso de su cultura y sus soberanas determinaciones es el campo de conquista es este siglo.  La tendencia conductual, que en un mundo globalizado es más manipulable, permite colocarnos en un escenario de juego bajo los designios de quienes, a partir de planes preconcebidos, tienen los controles a su dominio y voluntad.
Todo el basural del consumismo tributa a esa impresionante zombinización de las generaciones humanas, sometidas, como nunca, a irracionales fuerzas de descomposición. Héroes y villanos se intercambian roles para disputarse el trofeo holocaustico en una confrontación donde el mal menor puede ser tan dantesco como el propio exterminio. Solo las fechas parecen variar en una historia donde los métodos de muerte  buscan perfeccionarse a niveles de horror.
La dinámica actual de lo que llamamos comunicación ha roto todos los paradigmas conocidos, y es esa una de las vías por medio de la cual la conducta humana se induce a capricho de la inhumana tiranía de la ambición. No sabemos incluso si al oponernos a los monstruosos efectos de un postmodernismo perverso, estamos también atendiendo al influjo de alguna dinámica aun más perversa que la que pretendemos adversar. Esa incertidumbre que nos hace dudar de todos los modelos sociales, que nos hace dudar de la realidad más que de la vapuleada verdad, es tal vez un estado psicosocial que los nuevos mecanismos de la colonización han puesto a andar en esta conmocionada aldea de la vía láctea.
La religión y la ciencia nos tienen a su merced, nos han perforado el espíritu, nuestro sustrato más sensible, y los imperios han sido los grandes beneficiarios en esta cruzada generadora de miserias, guerras, muertes y desconcierto. La enajenación se ha apoderado de todo intento emancipador del saber y estamos ante la encrucijada del eterno dilema de “ser o no ser”.
Una nueva filosofía tal vez deba emerger de estas ruinas de la historia, una llamarada que ilumine el horizonte, ésta es quizá la opción optimista en la tragedia,  o tal vez, colocándonos al otro extremo, sea necesario  otro mundo, si no queremos terminar como  la pavorosa profecía hecha cierta en la obra máxima de Gabriel García Márquez “Cien años de soledad”  y cuando nosotros, los comunes, los anónimos, los muchos, hayamos terminado de descifrar los pergaminos, tal vez entonces nos percatemos, ya sin remedio, que  “…las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra 

17-05-2018

3 comentarios:

  1. Sencillamente genial, me gusta y mucho, voy a subirlo a mi muro, un abrazo!!!

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  2. Sencillamente genial, me gusta y mucho, voy a subirlo a mi muro, un abrazo!!!

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    1. Saludos hermano, honrado de su deferencia respecto a este texto.Por tanto me enaltece que lo comparta. Un abrazo

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