viernes, 10 de enero de 2020

Otro Ángel Caido


OTRO ÁNGEL CAÍDO. (En mi libro "Mundos Cruzados)
Mural Homenaje a Pero Fuentes de Mariana Sallanes

En aquel tiempo, cuando en junio todavía llovía por estos lados y la gente creía en los milagros, cayó otro ángel del cielo con la intención de predicar el amor, y precisamente vino a caer en  Portachuelo, un pueblo que según se decía, había sido olvidado por Dios.
 Ese mismo día, el ángel convocó a la gente del pueblo a una reunión para dar inicio a su misión celestial. Pero tuvo que suspender la pretendida reunión porque asistió muy poca gente. Entonces, entre los presentes allí, decidieron por unanimidad que convocarían para el día siguiente y Ángel, como ya le empezaron a decir por pura confianza, pasaría la noche en casa de Rafael Ventura, porque la casa de él era la más grande del pueblo.
Rafael Ventura le consulto a su mujer y ella no puso “peros”, más bien se sentía orgullosa porque su casa siempre era tomada en cuanta para cualquier eventualidad y eso le daba más jerarquía a la familia. “Esa es una tradición familiar”- decía Remigia- mi papá nos enseñó a prestarle aposento a los peregrinos.
 Lo cierto fue que Rafael y Remigia se llevaron al ángel. Camino a su casa, los muchachitos se le pegaron detrás al extraño visitante con la intención de arrancarle una que si otra pluma de las alas “y que para la suerte” (para mí que eran ordenes de la gente mayor a quienes les daba pena o temor a caer por inocente, como cuando vino el circo y algunos cayeron con el truco de la mujer partida por la mitad)
El ángel era muy calladito y si hablaba era para espantar los perros que también le fastidiaron hasta que llego a casa de los Ventura.
¿Qué comerán los ángeles? Se preguntó Remigia. Pensó que lo más indicado era frutas y un agua bendita que tenía en el altar de los santos, y eso le sirvió. El ángel comió, sobretodo mangos y cambures, el agua se la bebió de un solo sorbo. Remigia  le dijo: Buen provecho señor Ángel, y  se fue a seguir haciendo sus oficios.
Rafael le dijo al ángel- bueno amigo Ángel, siéntase en su casa, mañana será otro día. La reunión será a las dos, porque usted sabe que por aquí la gente trabaja en la mañana y ya a las dos están es su casa. Mi hija Juana se va a encargar de avisar en la Bodega de Juan Antonio, en la Escuela con la maestra Albita y en la quebrada  donde van a lavar las mujeres, y hasta en la esquina, donde los muchachos van a echarle broma a los demás.
Al llegar la noche, Remigia se preguntó: ¿cómo dormirían los ángeles? y al preguntarle a  Rafael  él le contestó: Como va a ser mujer, no ves que tienen alas como los pájaros, lo mejor es ponerle un estantillo atravesado en el corredor para que duerma allí. Así lo hizo, pero el ángel le dijo que no, que él dormía flotando, que no se preocuparan. Entonces Remigia le dijo: ¡Ah bueno, flote ahí pues, cerca del altar de los santos y que pase buenas noches! Y todos se fueron a dormir.
El ángel se acomodó como una nube, recogió sus alas y durmió de espalda a los santos…sabría él porqué.
Cuando cantó el gallo y Rafael se levantó, ya el ángel estaba despierto y se le veía más descansado y con más ánimo. Rafael entonces lo invito para que, luego del desayuno, lo acompañara a arriar los chivos y el ángel aceptó.
Caminaron por esos montes pastoreando a las cabras y chivos, y el ángel se puso conversador. Le agradeció a Rafael y a su familia por la hospitalidad y le dijo que su misión era promover el amor entre las personas, le hablo del Corintios 13, y Rafael escucho atento  a su entusiasta predicación. Finalmente Rafael le dijo a su acompañante: Mira Ángel, eso que me dices es muy bonito, pero es que la gente de este pueblo ya no quiere creer en nadie. Algunos hasta dicen que tú eres un político disfrazado o algún vendedor. En fin,  yo creo que nosotros, los mortales, no los de plumas como tú, lo que tenemos que recuperar es la confianza entre nosotros mismos. Vamos a la reunión y veremos si la gente asiste, y luego, pues le entramos al asunto que tú quieres tratar.
Se regresaron entonces, calculando que llegarían a buena hora para almorzar e ir luego a la reunión.
Cuando iban llegando a casa de Rafael, vieron un puñado de gente abarrotada en la entrada, esperando ansiosos la llegada del ángel. ¡Ahí viene! gritaron los chiquillos… y todos se arremolinaron en torno al ángel y a Rafael. Le aplaudieron y sin darles tiempo ni de llegar a la casa, menos de almorzar, improvisaron una tarima y lo encaramaron allí para proceder luego a organizarle el evento, pero de acuerdo a lo que la gente pensaba que sería la cosa.
Muy bien- dijo Esteban, el más avispado en asuntos públicos-  vamos en orden, tal como lo planeamos. Primero, las mujeres embarazadas, después los viejitos y por último los más jóvenes. Los niños están representados por sus taitas.
Subió una mujer embarazada y le dijo al ángel: Señor Ángel, yo quiero que me diga si la criatura que voy a tener es hembra o varón.
Esteban anoto la pregunta y dijo: Todo a su tiempo, las respuestas a sus inquietudes serán para el final.
Subió otra mujer embarazada y dijo: Mi dulce señor, yo lo que quiero es que Juan Andrés, el padre de esta criatura asuma su responsabilidad y no ande diciendo que el muchacho no es de él.
Así pasaron varias mujeres embarazadas y les tocó el turno a los viejos:
Unos pidieron que le diera remedios para el reumatismo, otros para la vista, otros para recuperar su entusiasmo en cuestiones de amoríos, otros  que le concediera la gracia de la reconciliación con sus respectivas mujeres, en fin, un listado de peticiones que Esteban anoto en un cuaderno escolar.
Los viejos pidieron cosas algo complicadas para un ángel, y el pobre no alcanzaba a comprender aquella larga lista de peticiones.
Los jóvenes un poco más recatados hicieron sus peticiones por escrito y no faltó quien le solicitara datos confidenciales sobre la lotería, o que le indicara la pareja ideal.
El ángel cada vez más confundido llamo a Rafael y quiso  conversar a solas con él- ¡Paciencia! Dijo el animador del  evento- nuestro amigo Ángel  tiene su propio secretario.
Cuando la gente ya se comenzaba a impacientar, pensando que era  uno de los tantos vividores que ha visitado el pueblo, el Ángel se incorporó y dijo:
Mi padre me ha encomendado una misión que yo pensé sencilla y les confieso que es más complicada de lo que imaginé. Vine a predicarles el amor, un sentimiento que puede resolver toda esa larga lista de problemas que me habéis presentado y comprueba que han desplazado aquella vieja enseñanza de amar al prójimo como a vosotros mismos, por cuestiones banales, o que carecen de sentido si no están precedidos del amor.
He aquí al verdadero ángel- y señaló a Rafael- este hombre con su sencillez y humildad,  con su sabiduría, es la promesa de un amor que nace en su familia, en su trabajo en su hospitalidad y confianza en el prójimo. Él no tiene mayor fortuna que sus sentimientos. Yo soy, entre ustedes otro ángel caído.
Cuando dijo esto, las alas se le comenzaron a desaparecer y una lágrima comenzó a rodar por su mejilla. Heme aquí entre ustedes, dispuesto al sacrificio- dijo el ángel- Que sea la voluntad de Dios la que nos guie en este laberinto.
Algunos se retiraron decepcionados, otros sorprendidos por la metamorfosis del ángel.
Cada quien volvió a lo suyo y al ángel lo acogieron como uno más de su comunidad.
Desde ese día,  Ángel  junto a Rafael y Remigia vieron crecer su rebaño de cabras y sus plantas dieron más frutos, las mujeres preñadas parieron y criaron a sus hijos, los viejos resignados pero felices esperaron sus últimos días, contándole a sus nietos la historia del otro ángel caído y los jóvenes quieren que Portachuelo lleve el nombre de “El Ángel de Portachuelo”  para que la Alcaldía construya un dispensario, una cancha deportiva, una iglesia que acepte a católicos y evangélicos sin distinción y además  mejoren la escuelita.
El ángel se hizo mortal, pero el pueblo comenzó a florecer como ejemplo del amor entre los hombres. A pesar de todo, de lo difícil de las misiones de los ángeles, la confianza en la convivencia y en el trabajo es el milagro que nos acerca al amor que algún día develará sus misterios y signará cada acto de nosotros, los simples mortales.


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