domingo, 8 de diciembre de 2019



¡OH UTOPÍA!
Homenaje a Ricardo Ochoa (Comandante Sierra, combatiente sobreviviente de la gesta guerrillera venezolana)
No había escrito desde hace algún tiempo. A veces mi verbo prefiere la sedimentación de sus elementos y me deja transitar en la intemperie de los días, silenciando su canto, pero husmeando en el trajinar de mis circunstancias, para saltar, en cualquier momento como animal salvaje y lanzar su eco silvestre, en la alternancia de luz y sombra, en esta, mi humana andanza.
He aprendido a ser paciente para no forzar la palabra y dejarla en su justo génesis .No tengo apuro. Lo que haya que decirse, se dirá.
Hoy la palabra “utopía” me atormenta por alguna razón, e intuyo que debo acudir a su conjuro, ligero y renovado. Asumo, y me permito, con mi reserva gramatical algo limitada, el ejercicio de escribir en este día, que para el efecto me sirve de trinchera, y así, despejarle el cielo a mi bandera y seguir la batalla.
“La utopía sirve para caminar” sentenció Galeano y ¡Vaya que hemos andado! A veces a tientas, otras veces como iluminados por un entusiasmo casi divino, imaginándonos siempre, casi hasta la terquedad, un mundo mejor, poniendo todo a riesgo, al punto que las adversidades parecieran ser el combustible para nuestro loco empeño.
Debo ser agradecido ante esta divinidad llamada “Utopía” por ser lo que soy y haber llegado por lo menos vivo a este momento de mi existencia.
Soy un utópico convicto, lo sé, y ya a mi edad puedo acudir gustoso al paredón sin el vendaje del arrepentimiento, con la convicción de ser parte de una ofrenda histórica compartida con el espíritu humano. Puede apuntar y disparar el postmodernismo, puede el vinagre ser tormento para la sed, puede Quijote ser Quijano y viceversa, puede un mar arado dar cosecha o una lejana escuela en la Higuera mostrar el inmortal cadáver.
Volverá el canto con el viento, el verso con la noche, los sueños con el día…volverá la utopía, la única criatura en este mundo incapaz de hacerse mercancía.
Ciertamente hay derrotas ¿Cómo evitarlas en el obrar del combatiente? Ciertamente hay derrumbes, banderas pisoteadas, consignas olvidadas, abandonos, vacios. De todo se vale el enemigo. Pero hay victorias pequeñas, efímeras que con lágrimas germinan en el milagro de la resurrección, permitiendo la mayor de nuestras utopías: la de ser indestructibles…y sí que lo somos, para ello sencillamente debemos creer en lo imposible.
Tal vez en este día debí escribir sobre algo más tangible, más mundano, sobre lo que coyunturalmente nos agobia, pero hay muchos mártires peleando aun la batalla de los vivos y al menos merecen saber que no en vano deambulan por la historia.
La nostalgia está allí, al asecho, pero llueve futuro y habrá cosecha, pues todo final es aparente, un espejismo y los sueños son más poderosos.
Lo digo plenamente convencido más allá de la muerte ¡Venceremos!
25 de diciembre de 2017.     



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