¡OH UTOPÍA!
Homenaje a Ricardo
Ochoa (Comandante Sierra, combatiente sobreviviente de la gesta guerrillera
venezolana)
No había escrito desde hace algún
tiempo. A veces mi verbo prefiere la sedimentación de sus elementos y me deja
transitar en la intemperie de los días, silenciando su canto, pero husmeando en
el trajinar de mis circunstancias, para saltar, en cualquier momento como
animal salvaje y lanzar su eco silvestre, en la alternancia de luz y sombra, en
esta, mi humana andanza.
He aprendido a ser paciente para no
forzar la palabra y dejarla en su justo génesis .No tengo apuro. Lo que haya
que decirse, se dirá.
Hoy la palabra “utopía” me atormenta
por alguna razón, e intuyo que debo acudir a su conjuro, ligero y renovado.
Asumo, y me permito, con mi reserva gramatical algo limitada, el ejercicio de
escribir en este día, que para el efecto me sirve de trinchera, y así,
despejarle el cielo a mi bandera y seguir la batalla.
“La utopía sirve para caminar”
sentenció Galeano y ¡Vaya que hemos andado! A veces a tientas, otras veces como
iluminados por un entusiasmo casi divino, imaginándonos siempre, casi hasta la
terquedad, un mundo mejor, poniendo todo a riesgo, al punto que las
adversidades parecieran ser el combustible para nuestro loco empeño.
Debo ser agradecido ante esta divinidad
llamada “Utopía” por ser lo que soy y haber llegado por lo menos vivo a este
momento de mi existencia.
Soy un utópico convicto, lo sé, y ya a
mi edad puedo acudir gustoso al paredón sin el vendaje del arrepentimiento, con
la convicción de ser parte de una ofrenda histórica compartida con el espíritu
humano. Puede apuntar y disparar el postmodernismo, puede el vinagre ser
tormento para la sed, puede Quijote ser Quijano y viceversa, puede un mar arado
dar cosecha o una lejana escuela en la Higuera mostrar el inmortal cadáver.
Volverá el canto con el viento, el verso
con la noche, los sueños con el día…volverá la utopía, la única criatura en
este mundo incapaz de hacerse mercancía.
Ciertamente hay derrotas ¿Cómo
evitarlas en el obrar del combatiente? Ciertamente hay derrumbes, banderas
pisoteadas, consignas olvidadas, abandonos, vacios. De todo se vale el enemigo.
Pero hay victorias pequeñas, efímeras que con lágrimas germinan en el milagro
de la resurrección, permitiendo la mayor de nuestras utopías: la de ser
indestructibles…y sí que lo somos, para ello sencillamente debemos creer en lo
imposible.
Tal vez en este día debí escribir sobre
algo más tangible, más mundano, sobre lo que coyunturalmente nos agobia, pero
hay muchos mártires peleando aun la batalla de los vivos y al menos merecen
saber que no en vano deambulan por la historia.
La nostalgia está allí, al asecho, pero
llueve futuro y habrá cosecha, pues todo final es aparente, un espejismo y los
sueños son más poderosos.
Lo digo plenamente convencido más allá
de la muerte ¡Venceremos!
25 de diciembre de 2017.

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