domingo, 28 de agosto de 2016

CLEOFE SE ACOSTUMBRÓ A VIVIR CON LOS DUENDES Y ELLOS CON CLEOFE...

CLEOFE SE ACOSTUMBRÓ A VIVIR CON LOS DUENDES Y ELLOS CON CLEOFE.
De Cleofe se dice que vive con los duendes, y eso sucede desde que se escuchan ruidos raros durante las noches profundas de Palo Verde, pequeño pueblo sanareño que recuesta su tapiz de variado verdor a los pies de la cordillera andina, en el estado Lara.
Ella vive en el cerro que mira desde su desafortunada aridez a la majestuosa montaña, la de “La Fumorola”, desentonando con sus cujíes y amargosos en un paisaje neblinoso que se extiende hacia el sur entre helechos, sauces y tierra generosa para el cultivo.
Las cotizas de Cleofe han fundado caminos por estos tunales, han pisoneado pajonales y cadillos, desafiando aguaceros y sequias, han llegado más allá, lejos, donde se sospecha que el arcoíris inclina su largo y curvado cuello de colores hasta terminar en una enorme cabeza de burro que bebe agua de pozos, quebradas y lagunas.
En tiempos de semana santa, los duendes deambulan por los montes silvestres; por la cueva del zamuro, por la Triguera, por el zanjón de “Las Rositas”, donde nace el agua viva y las mujeres acuden a lavar ropas, con la desdicha que al dejarlas tendidas al sol, al volver, las encuentran revolcadas y manchadas de barro, con huellas pequeñitas; los duendes burlones, según el decir de la gente suelen hacer esto a las lavanderas distraídas.
Cuando ya poco se hablaba de duendes, en tiempos cuando la bombilla de luz eléctrica iba haciendo más dóciles los cuentos de muertos y aparecidos, y la evocación de aquellas criaturas no era insuficiente artilugio para recoger a los muchachos de sus juegos callejeros y mandarlos a la cama, la casa de Cleofe permanecía atrapada en una atmosfera de miedo y lejanía. Ella, su inocencia e ingenuidad, contribuían para que aquel patrimonio de misterio local siguiera de boca en boca en el pueblo. Los duendes de Cleofe, en consecuencia, si existían.
A Cleofe le querían echar una maldad, según se comentaba en la pulpería del pueblo: “Dizque  le enterraron unos jústanes en el patio de su casa- decía Doña Fortunata, mientras Juan Antonio le despachaba el kilo de quinchoncho y el papelón.
¡Ah! Eso es maldad de la gente, no ve que vive íngrima y sola allá en ese cerro- Murmuro Crispiniano, al tiempo que lanzaba al suelo un escupitajo de chimó.
Pues yo creo –agrega Juan Antonio- que el empeño que tienen es pa’ quitale el terrenito…untualito hay mucho pícaro que de la noche a la mañana le quieren echa alambre e ‘púa a toiticos esos cerros…bueno, eso es lo que dicen porai.
Lo cierto fue que la vida de Cleofe no tuvo muchos contratiempos con el asunto de los duendes, poco le preocupaban las habladurías, y se fue acostumbrando a dormir con los ruidos que se oían desde el fogón, o los pasitos que se sentían en el techo, o las risitas que se oían en la troja. Terminó por hacerse parte de ese mundo; Cleofe se acostumbró a vivir con los duendes y ellos con Cleofe.
Cleofe seguía recogiendo la leña por esos montes, teniendo como acompañante a un perro flaco y orejón. Por los caminos que resbalan caprichosamente sobre los lomos del cerro, se veía, de vez en cuando, un haz de leña, como en lejana levitación, andando en la peregrinación de aquellas soledades, pero debajo estaba, con el paso lento de sus cotizas, la pequeña Cleofe, con aquella paciencia, fuente de toda su fortaleza, con la carga sobre su cabeza en perfecto equilibrio. En una mano el machete y en la otra un garabato. Su vestimenta: un vestido de flores desteñidas y un saco oscuro y polvoriento donde guardaba las muchas neblinas de tiempos fríos junto con el aroma del oreganal y el bojote de chimó.
Sin duda era ella la que se acercaba, a juzgar por los ladridos de su perro y porque al llegar al mogote que antecede a la estropeada puerta de carrizos, salían en estampida a su encuentro, desde la cocina, un rebañito de “curíes”. Se llegó a pensar que los duendes, durante el día, se convertían en “curíes” para poder andar por ahí, sin mucha preocupación.
Sus cien años y algo más lleva Cleofe sin querer bajar del cerro para mudarse a otro lado. Todavía de su casita de barro, cuyo techo parece ya pesarle demasiado, sale el humo a través de una torcida chimenea. Todavía va a “Las Rositas” a buscar agua en el manantial.
Cleofe aun no ha muerto, y creo que no lo hará; ella se irá con los duendes a buscar chamizas para hacer su fogón, e inventar, para cuando vuelva la sequía, un rebañito de nubes blancas y con ellas, como un velo de escarcha, bajará la lluvia suavecita que nos hará recordarla.
Nelson Ures.


jueves, 14 de julio de 2016

Años

Años
Estuve allí contigo, cuando el deseo nos desbordó el sentido, cuando la pasión nos dislocó el pudor y la decencia, cuando desafiamos con besos al olvido, cuando la locura nos pareció el mejor oficio entre parejas. Estuvimos sin ropas ni arrepentimientos, sin nada que perdonar ni crimen cometido, sin culpas, sin castigos. Y resulta que sigo aquí, como la espuma del mar, con tu aroma de sal y algamarina, con el ruido del tiempo en tu estadía nocturnal de caracola, recordándonos los cantos del amor desenfrenado , cuando no sabíamos que íbamos a parar en el paisaje sencillo de un apretón de manos.
Estoy aquí, contigo.
Nelson Ures


domingo, 3 de julio de 2016

LA ABUELA NIÑA

LA ABUELA NIÑA.
Nelson Ures.
“…Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejaran de nacer, porque la muerte es mentira” (Eduardo Galeano: La creación)
Rupertina Ures de Reyes, madre de mi Padre Segundo Ures, fue mi abuela niña.
Con toda su integridad Ayamán, con su natural majestad de princesa de alguna antigua tribu de estas tierras soleadas de Lara, nos llegaba desde muy temprano a nuestra antigua casa, la que mi papá nos construyó con sus propias manos, empañetando el barro en el armazón de la caña brava, allá,  en El Garabatal, cuando aquel  era un pueblito rural más vinculado a la dinámica del Río Turbio, con sus haciendas, trapiches y extracción de arena, que al avasallante paso de un Barquisimeto, aun lejano para nosotros.
Llegaba caminando desde el otro lado del Aeropuerto, desde Barrio Nuevo, ayudada por la brisa que agitaba su camisón de estampado con florecitas y dibujitos, ondeando como una bandera. Sus crinejas grises o su pelo recogido en cola resaltaban su ternura y su bondad rebosante  repartían amor de abuela, para transformarse entre nosotros, en una niña más, y así nos adentrábamos en hermosísimos juegos que nunca requirieron otra cosa que no fuera la que el patio de la casa proveía.
Siempre inventaba algo para hacer mágicos aquellos encuentros. Después del “Dios me los bendiga y me los favorezca” se sentaba en algún taburetico o en una piedra, y Maritza, Soraimita, Nancy, mis primeras hermanas, y yo, nos sentábamos en torno a ella para el juego del día. De su faldiquera sacaba unas chapas de refrescos y cordeles con las que nos hacia los zum zum. Viendo girar y girar aquellos pequeños discos de metal con las destrezas enseñadas por la abuela, era para nosotros inigualable diversión.
También nos hacía, con las chapas, relojes que sin dar la hora, eran el emblema del tiempo que transcurría con la abuela.
La Abuela Rupertina también nos llevaba a caminar por la cuesta del río, donde la brisa nos traía el olor del cañaveral. En el andar nos conseguíamos las fruticas del cundiamor que aprendimos a comer, las lefarias y los semerucos. Desde el borde de la cuesta la abuela nos hablaba del río, nos contaba de cómo mi abuelo ejercía su oficio de distribuidor de mercancía con un arreo de burros, recorriendo los pueblos de Rio Claro, Buena Vista y muchos otros caseríos perdidos entre las montañas de Lara.
La abuela niña, la abuela india, llenó, con exactitud celestial nuestra niñez con las estrellas que aun hoy brillan en el recuerdo.
Se despidió de este mundo el día que yo rondaba mis seis años. La vi en el ataúd y para consolarme me dijeron que estaba dormida. Yo me creí el cuento, pero en la noche, mirando por una rendija que entre el techo y la pared dejaba entrar un pedazo de cielo, vi cuando entró un pájaro y preferí consolarme con la idea de que ese pájaro era mi abuela Rupertina


lunes, 20 de junio de 2016

Camino 2.
Ahí nos vemos
Donde el camino pueda volverse patria

Para mi heroica espera.

sábado, 14 de mayo de 2016

ESPEJO

ESPEJO

Aquí estás en la brevedad de tu reflejo.

Estás y no estás,

pero me quedo en el estás,

me reconforto en la caricia imposible,

en la fugaz exactitud de tu boca,

en el beso que ella guarda,

en la palabra que ella dice a su propia belleza.

Estás en la luz que se marchita ante el cándor de tu piel,

estás de cristal atesorada sólo para el recuerdo de aquel día

cuando envidie al espejo.

                                 
                                                                             Frida


miércoles, 4 de mayo de 2016

A Teodora Torrealba, la Locera de Yay

TEODORA

(A Teodora Torrealba, la locera de Yay)

Volveremos a tus manos
una luna de éstas
cuando el barro evoque la primera luz
Tú estarás allí; Niña, limpia, sabia
Conversarás de flores
y montes que sirven
para amansar quebrantos,
Veremos en tus ojos
el camino extraviado
y los pasos del tiempo
por la piel de la tierra.
Volveremos contigo
A cantar con el viento
y a darle forma a sueños
con los tiestos del día.
Con tu palabra ancha
de silencio adornada
palpitarán los cantos
de hermanos que se fueron.
Estarán los murmullos
que nombran nuestros signos
y un cántaro de llanto
se unirá con el polvo
para moldear un ave
ocre como la vida
surcando el infinito
para ahuyentar olvido.s
Volver a tus cenizas
para empezar de nuevo
a desandar la aurora
y amar como tú amaste
al hombre, a la vida

al vientre de la tierra

martes, 3 de mayo de 2016

EXTRAÑOS RELATOS SOBRE @

EXTRAÑOS RELATOS SOBRE @   ( PRIMERA PARTE)
EL SUEÑO DE @
Le correspondía soñar para aquel episodio de su intempestiva vida, por eso @ se despertó mientras amanecía. Las personas hacían lo suyo y la pupila de @ le distribuyó interrogantes como ráfagas de angustias. Apresuró el andar, y cuando creyó llegar, habló a la multitud, pero el mundo ya no era el mismo.


LA CERTEZA DE @
@ sabía que iba a morir porque le faltaba un vacío por imaginar.

 @ Y LA HISTORIA
@ podía contar muchas historias. En cuanto a la suya, prefería el silencio y que otros lloraran su desgracia.

@ Y EL SEXO
@ tenía la convicción de que su condición hermafrodita le permitiría sobrevivir a la extinción y sobreponerse a la caducidad de cualquier alfabeto o a los vendavales de la semiótica, pero la estigia, con su noche abismal, le inoculo de la más elemental simpleza en el palpitar de sus deseos.

UNA POESÍA Y @
Cuando se cruzaron en el camino, aquella poesía saludo con su fragancia y  @ buscó acomodo entre las metáforas sobre raíces y pétalos. Allí estiró su lengua y pudo alcanzar algunos versos para saciar su sed.

@ ENTRE ANIMALES.
No soy gato ni gata dijo. Ni araña tampoco. A veces vuelo, pero pájaro no soy. Puedo estar entre los peces, pero nada tengo que ver con sus misterios. Soy @, alguien más del rebaño.

@ Y LA GUERRA

Alguien quiso vincular a @ con una antigua religión, para otros @ pertenece, desde tiempos de la guerra fría,  a los servicios secretos de un poderoso imperio. Sin entender cómo y porqué ya era parte de varias guerras, su bandera ondeaba entre los vencidos o los vencedores. Pensó seriamente formar su propio ejército y hasta morir por una causa. Eso lo pensaba desde la paz transitoria de su nube.


                                                Dibujo de: Maurits Cornelis Escher

LLUVIA

MI SENCILLO HOMENAJE A LA LLUVIA DE ESTOS DÍAS


LLUVIA

Mar peregrino,
río clandestino,
lago, charco, cielo.
Lagrimas de novia,
sudor obrero,
humor de amantes,
sopa sin aliño…con nubes,
picardía celeste…
Breve o larga,
larga o infinita,
alma de Dioses,
danza de hermanos,
animal rabioso,
flor de cataclismos,
germinación y aroma,
chispitas de paz,
marea de luna,
pasitos de duendes.
Si escampas
te rapto en mi tinaja.



                                  "Lluvia sobre el Amazonas" de Miguel Granado Troconis

lunes, 2 de mayo de 2016

CANTAURIAS (A PROPÓSITO DE LA TRADICIÓN EN HOMENAJE A LA CRUZ DE MAYO Y RECORDANDO A JUAN CATARÍ)

Todos los días 3 del mes de mayo se inician en Venezuela ofrendas y cantos populares a la Cruz de Mayo, tradición arraigada desde tiempos remotos y reconocida en nuestro país como patrimonio cultural. Escribí ésta reseña cuando Juan Catari aun estaba en este plano terrenal, un día se fue a cantar a otra dimensión, quizá a la que tanto mencionó en sus versos. Sea éste un homenaje a él y a tantos cultores de nuestro pueblo que cantándole a las cosas sencillas de la fe expresan su amor y devoción por la naturaleza, la siembra y la vida campesina.


CANTAURIAS

Juan Catarí y Trino Rivas son dos devotos a San Antonio de Padua, plenos de orgullo y gallardos representantes de una milenaria vocación de juglares. Sus cantaurías desgranan, en las noches de mayo y junio, historias bíblicas y andanzas mundanas que forman parte de lo divino y lo terrenal.
Las décimas, tonos y fugas estremecen, en el murmullo de las cuerdas, las noches que son para andar despiertos, lavando el alma con rocío de estrellas y pagando promesas para que el milagro no sea una utopía sino la cura verdadera a las amarguras de la vida.
Canto profundo, mítico, espiral de tonos entretejiendo alabanzas y misterios. De ese mundo son Catarí y Trino, quienes en este día abren esa puerta hacia la infinitud del tiempo con la humilde palabra de quienes se han hecho poetas por convicción, por arte de vivir.
Si le preguntamos desde cuando nació en ellos ese esmero amoroso y leal a las cantaurias de décimas, no nos refieren fechas especificas, sino episodios de la vida que llevan en su recuerdo como un trofeo a la identidad: "lo aprendí de mi taita-dice Catarí-nosotros nacimos en la hacienda El Limoncito, que quedaba por allá en Titicare, pasando el río Turbio.
-Tendría yo como doce años y mi taita me llevaba con él a las cantaurias- Dice orgulloso Catari, para proseguir su relato.
-Él se llamaba José de la Luz y nació en 1907, era peón de hacienda y cantaba velorios a San Antonio. Yo vivía todo eso; los cantos, las salves, el altar adornado con velas y flores, el incienso, el amanecer cuando reventaba el Tamunangue y esas cosas que van llenándolo a uno.
Catarí, ha sido y es un profuso compositor de décimas, la mayoría de sus años los vivió en el  Barrio El Garabatal, al suroeste de Barquisimeto, padre de nuestro insigne boxeador olímpico Omar Catarí. Tiene atesorada en una humilde bolsa de plástico, unos cuantos cuadernos donde ha escrito infinidad de versos  con su propia letra de hermosa caligrafía en la que se anidan palabras, tal como le suenan y las ha oído "menta". Así nos muestra sus decimas y cuartetos a San Antonio, a San Rafael, a la Virgen María, al Pesebre, a los ángeles, a la Cruz de Mayo.
Trino es un recopilador metódico de esa poesía, tanto la de catarí, como la de otros trovadores, unos muertos y otros aun vivos, además es un excelente cantor, con una privilegiada garganta, la cual según sus palabras "se va componiendo con el rasgar de las cuerdas, a medida que avanza la noche y con tres lamparazos de cucuy se pone afinaíta, por ahí como a las dos de la madrugada"
Una décima tiene diez palabras-dice Catarí- y tiene su fuga que es un cuarteto que se va combinando y se va cantando de acuerdo al tono.
Con sus manos rebusca en el cuaderno alguna de las décimas que ha compuesto y nos regala algo de su misteriosa belleza:

Frente a un templo se encontraron
San Antonio y Lucifer
Discutieron a poder
Sobre los moros porfiados
Mi Dios me dejó encargado
Que Antonio los Perdonara
Y que siempre los llevara
Al santo templo de Israel
Se convenció Lucifer
Yo con Dios no quiero nada

Con Dios lo que Dios quisiera
Hágase su voluntad
Y venga lo que viniera
San Antonio siguió andando
Lo acompañaba el Señor
Llévate pues el tambor
Para irlo repicando
Así vamos predicando
La palabra verdadera
Y se alejaban las fieras


Así el infierno tembló
Y al demonio se le oyó
Con Dios lo que Dios quisiera
San Antonio sacrosanto
Profesor de ideología
El firmó que defendía
La grandeza de su manto
Y se convirtió en un santo
Pa toda la humanidad
Con su santa majestad
Luego de escuchar esos versos, le cuento a Catarí y a Trino que estuve en un velorio que le cantaron a la Cruz de Mayo, y ambos aprovechan para exponer su sapiencia en la materia.
-Antes se cantaba la salve-dice Catarí-había una cruz en el patio y pa principia el velorio, se le cantaba a la cruz y luego en el altar se hacían las salves, dependiendo de cuantas había ofrecido el dueño de la promesa. La cantauría, los tonos y las décimas dependían a qué santo se le tenía que cantar. Si era a la Cruz, pues se cantaban versos con esos motivos.
Para continuar el recorrido por el memorial vibrante de estos artesanos de la palabra, les pregunto:
¿Cuáles son los cantores que les han acompañado en esta tradición?
Catarí pone de manifiesto su emoción al recordar a sus amigos:
-Esa es una dicha cantar en esos velorios. ¡Dígame cuando nos juntamos cantores de los buenos, para mencionar a algunos como el amigo Trino Rivas, aquí presente, a Teodoro Sandoval quien es de Rio Claro, a Luis Rodríguez, Pablo Pérez, a Castillo que tiene una buena garganta, a Herenio Lucena. Mire, cuando vamos llegando nosotros a esos velorios la gente dice: ¡A buena trabuca¡ y nosotros orgullosos.
Mi imaginación vuela hacia esas noches cuando estos recios y devotos hombres elevan sus versos junto al rasgar de cuerdas para proclamar, en sus coros, pasajes bíblicos, la vida de los santos, la pureza de los ángeles,  y la gracia de este pueblo grande y bueno.
Me despido de Trino y al amigo Catarí le agradezco el haberme recibido en su sombrío patio, donde seguramente muchos velorios se habrán predicado. Aquí también aprendí que la humildad no se nombre  en la casa del humilde; ésta se ejerce en los pequeños hechos que hacen grande al hombre y Juan Catarí es de una dimensión que merece la medalla olímpica de la cultura.

                                Velorio a la Cruz de Mayo, autor: Francisco Rolingson (Píritu)


domingo, 1 de mayo de 2016

Brevísima crónica de un 1ro. de mayo...

Brevísima crónica de un primero de mayo que me pertenece.
Últimamente durante el primero de mayo no llueve, antes, cuando mi padre Segundo Ures pertenecía a la aguerrida organización sindical FESINLARA, llovía sin compasión, y sobre aquellas calles barquisimetanas convertidas en ríos, marchaban los obreros y sus consignas rasgaban la incesante tormenta hasta llegar empapados a la antigua Casa Sindical.
Tendría yo alrededor de cinco años de edad, o tal vez seis… hoy tengo cincuenta y uno, cuando a despecho de mi madre, papá me llevó a la marcha. ¡Impresionante el conglomerado de gente, impresionante aquellos rostros iracundos que recuerdo como el tráiler de una película ¡ Que pretendía mi padre? acaso darme una primera lección de comunismo?...creo que mi querido viejo lo logró, porque aquella imagen se me hizo imborrable y cada primero de mayo la recuerdo junto a la añoranza de la iniciación del periodo de lluvias, las lluvias de mayo como decía mi abuelo Juan Bautista Villegas.
Como olvidar aquel episodio, si mi padre me levantó en sus hombros, él, marchando junto a sus camaradas, gritando y yo como bandera. En aquella oportunidad se presentó una escaramuza con los sindicatos controlados por el gobierno y la orden fue correr a protegerse de los cabilleros. Papá corrió hacia el estadio Daniel Chino Canónico junto con un grupo numeroso. Sé que fue hacia allí porque un día, ya en mi juventud, al pasar por ese emblemático estadio, los recuerdos vinieron de un girón.  Al llegar a una de las paredes de aquel, para entonces, majestuoso coloso deportivo, donde después vi a Brand Alyea, uno de los importados del Cardenales de Lara, batear jonrones a placer, mi padre me alzó y otros compañeros ya parapeteados en la pared me lograron asir de un brazo y con la ayuda de otros fui a parar a la parte interna del estadio, con la incertidumbre a punta de llanto por no saber donde estaba mi papá en medio de aquel alboroto. Las cosas allí se calmaron, más cuando vi a mi padre resurgir entre la multitud.
Tal vez alguna sanción de la célula donde militaba mereció por aquel atrevimiento, pero a la que más le temía era a la de mi mamá, porque me dijo con firmeza: A tu mamá no le cuentes ni así de esto. Acto seguido me dio un helado, para aquel tiempo “un  polo”, suficiente compensación para pasar por alto en aquel momento el susto, pero no así el tesoro de los más bellos recuerdos de mi papá, el dirigente sindical de la VICSON, el mismo que un día fue apresado por  la Digepol y el que se nos marchó un treinta de enero de 2006 con su dignidad de indio intacta.
Luego yo seguí asistiendo a las marchas, ya como dirigente revolucionario, como dirigente estudiantil. Incluso, aquel episodio en el que injustamente se me atribuyó una agresión al hoy difunto Pedro Morle, cosa que no fue así, pues cuando se dio esa otra escaramuza donde me encontraba yo como padre, cargaba bajo mi protección a mi hijo Nelson Ismael, repitiendo la lección. Hoy los familiares de Pedro no sé si siguen creyendo que fui yo el de la agresión, pero poco importaba a quien se acusaba en aquellos tiempos, igualmente tormentosos, y más si se trataba de un  personaje público como era mi caso. Pese a la virulencia del momento, la rudeza de las consignas, puedo afirmar que en  todo mi trajinar político la violencia no ha sido mi inclinación preferida.
Este primero de mayo  de 2012 no llovió, pero los recuerdos mojaron la morada de mis tiempos y una nueva Ley del Trabajo se firmó con la rúbrica de un Presidente humano, a quien se le quebró la voz por toda la historia que lleva sobre sus hombros al  anunciar la buena nueva para la clase obrera venezolana. Gracias Comandante Chávez por sembrar esperanzas en los surcos que han trazado con su sacrificio los explotados de esta patria.
 Así como mi padre me llevó en hombros  aquel primero de mayo, la historia lo toma a uno en su brioso cabalgar. Algo del eterno retorno salpica nuestros días.
Nelson Ures

Mayo 2012.


Mural Diego Rivera

jueves, 28 de abril de 2016

Tiempo de azul y sueños

TIEMPO DE AZUL Y SUEÑOS

Este es el firmamento de los ancestros,
la lágrima del tiempo en los recodos del abismo.
Esta es la larga noche donde todo será revelado,
el parto de la madre total,
la nada comenzando de nuevo en forma de sangre vegetal y cósmica,
la mutual labranza de extraños elementos.
Esto es lo que algunos llaman poesía
Y en ciertos tiempos de búsqueda también nombrada filosofía.
Es también silencio para abrigar deseos,
es lucha eterna por ir más lejos que la luz,
es muerte transitoria,
el mientrastanto de la aurora,
el primogénito vuelo desde los confines del miedo,
la locura tras “la razón de la sinrazón que a mi razón se hace”.
Aquí se congregan todos los majaderos de la historia;
hacen planes, discuten, lanzan sus proclamas, mueren por ellas…
caen, se levantan,
Lázaros de la dignidad son…
Aquí,
los indispensables sacian su sed de gloria y optan por ser pobres para pasar por el agujero de una aguja,
nos ven desde el lado victorioso de la vida para invitarnos a ser mejores soñadores. 
Aquí, en la labranza del dolor y la dicha
unos cuantos pueblos han conjugado, desde el silencio, el grito,
y desde el amor, la verdad.
A mí no me lo creas mírate al alma


                                                               Imagen :Armando Reverón 

miércoles, 27 de abril de 2016

viento en la hojarasca

El viento,en su tropical desparpajo, buscaba entre la hojarasca un aroma que se le había extraviado en su más reciente paso por el mar, pero encontró otras cosas que tiempo atrás había perdido, entre ellas, mi nostalgia.
Nelson Ures (27-04-2016)


Dibujo de Ignacia Mesa

 

martes, 26 de abril de 2016

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS JUEGOS Y JUGUETES TRADICIONALES

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS JUEGOS Y JUGUETES TRADICIONALES VENEZOLANOS.
NOSOTROS,LOS JUGUETES Y JUEGOS  TRADICIONALES VENEZOLANOS, ENTRE QUIENES NOS ENCONTRAMOS, EL TROMPO, LA PERINOLA, EL GURRUFÍO,EL PAPAGAYO, LAS METRAS, EL RIN, LOS CARRITOS DE MADERA Y  DE LATA, EL CABALLITO DE SAN JUAN,LAS MUÑECAS DE TRAPO,LA CUERDA, EL AVIONCITO,LAS CARRERAS DE SACO, EL PALO ENSEBADO Y TODOS AQUELLOS QUE A LO LARGO Y ANCHO DEL PAÍS HAN SIDO INVENTADOS POR EL INGENIO DE LOS NIÑOS Y NIÑAS DE NUESTRO PUEBLO, NOS DECLARAMOS EN JORNADA PERMANENTE DURANTE TODO EL AÑO, PARA  MARCHAR  JUNTO A LA IMAGINACIÓN Y LA TERNURA  DE GRANDES Y PEQUEÑOS, SIN IMPORTAR SU EDAD, SU CREENCIA RELIGIOSA, EL COLOR DE SU PIEL, SI TIENEN DIENTES DE LECHE O PERMANENTES, SI VIVEN EN RANCHOS DE ZINC, DE PAJA, EN EDIFICIOS, EN CAMPOS O EN CIUDADES, EN BARRIOS, URBANIZACIONES, Y PONEMOS A LA DISPOSICIÓN DE TODOS Y TODAS LOS MOMENTOS DE ALEGRÍA QUE ATESORAMOS  DESDE HACE MUCHÍSIMOS AÑOS EN NUESTRAS INOCENTES ALMAS DE FANTASÍA. OFRECEMOS GRATUITAMENTE LA MARAVILLA HISTÓRICA QUE NOS VIENE DE LOS NIÑOS INDÍGENAS, QUIENES PESE AL SOMETIMIENTO COLONIALISTA ESPAÑOL ENCONTRARON EN LA TIERRA, EN LOS RÍOS, EN LOS ÁRBOLES Y PÁJAROS, EN EL SOL, EN LA LLUVIA, EN LA LUNA Y LAS ESTRELLAS, LOS SECRETOS PARA TRASPASAR LA TRISTEZA Y JUGAR A SER LIBRES, ASI COMO LOS ANGELITOS NEGROS DE NUESTRO POETA ANDRÉS ELOY BLANCO, QUIENES SUPIERON DEFENDER SUS ANCESTROS AFRICANOS Y ESPARCIR SU SANGRE REBELDE Y DANZARINA PARA MANTENER EN ALTO Y CON DIGNIDAD  SU INDOMABLE ALEGRÍA, SU MAGIA Y  LA FORTALEZA DE SUS SUEÑOS, Y ASÍ TAMBIÉN, ENTRE NOSOTROS, CON EL AMOR GERMINADO Y HUMANO, ESTÁN LAS SONRISAS DE LOS NIÑOS BLANCOS, HIJOS DE LUCHAS MILENARIAS, DE AÑOS Y PAISAJES, DE GUERRAS Y TRAGEDIAS, DE INVENTOS Y  VIRTUDES…
TODO, TODO LO QUE HEMOS SIDO Y SOMOS, LA COMUNIÓN DE ELEMENTOS CON LA QUE NOS FABRICÓ EL AMOR: EL FUEGO, EL VIENTO, LA TIERRA Y EL AGUA, HAN SIDO Y SERÁN PARTE DE NUESTROS ESPÍRITUS CONSTANTEMENTE RENOVADOS EN EL CALOR DE LAS MANOS DE NIÑOS Y NIÑAS DE HOY, A QUIENES PRETENDEN, EN NOMBRE DEL PROGRESO, ARREBATARLE LA FANTASÍA Y LA INTELIGENCIA, LA FELICIDAD Y LA LIBERTAD POR MEDIO DE BOMBARDEOS INFECTADOS DE ODIO Y DE GUERRA, LLEVÁNDOLOS POR EL CAMINO DE LA VIRTUALIDAD Y LA GLOBALIZACIÓN A LA PÉRDIDA DE SU MEMORIA Y AL EXTRAVÍO DE SU ALMA PARA QUE SEAN, SENCILLAMENTE, OBJETOS DE UN SATÁNICO FESTÍN DONDE LA HUMANIDAD SE DESTRUYE A SÍ MISMA.
POR ELLO Y SIN QUE A VECES LOS ADULTOS SE DEN CUENTA, APARECEMOS EN CUALQUIER PATIO DE ESCUELA, EN CUALQUIER SOMBRA DE ALGÚN ÁRBOL, EN CUALQUIER ESQUINA DE UN BARRIO, EN TIEMPOS DE LLUVIA O SEQUÍA, SIGUIENDO LAS FASES LUNARES, BUSCANDO EL EMBRUJO DE ATARDECERES,ROMPIENDO SOLEDADES, GANÁNDOLE ESPACIOS AL ABURRIMIENTO, COMPITIENDO CON EL ARCOIRIS, TROTANDO CON EL VIENTO, MIRANDO AL FUTURO, AMANDO A LA PATRIA, PUES  SABEMOS EN EL FONDO QUE SOMOS HIJOS DE LA NATURALEZA, POR DONDE FLUYE LA MARAVILLA DEL UNIVERSO, RESUCITADA EN LAS MANOS DE SERES HUMANOS QUIENES, EN SU ETAPA MÁS LIMPIA Y FORMIDABLE COMO LO ES LA NIÑEZ, NOS CREAN PARA SU REGOCIJO, Y NADA, NI LAS PLAGAS TECNOLÓGICAS, NI LA ROBÓTICA, NI LOS INFIERNOS INFORMÁTICOS, NI LA  MÁSCARA DE LA MENTIRA PODRÁ EVITAR QUE EN CUALQUIER CIELO UN PAPAGAYO IRRUMPA  Y SE HAGA DUEÑO DE LAS NUBES, QUE EN CUALQUIER SUELO, METRAS Y TROMPOS DANCEN SERENOS Y ATREVIDOS COMO SI ESTUVIERAN EN PERMANENTE RECREO.
PASARÁN LAS MALAS HORAS, PASARÁ EL LLANTO, EL HAMBRE, LAS GUERRAS, LA SOLEDAD, PERO  LES PROMETEMOS, NIÑOS Y NIÑAS DE LA PATRIA, QUE PUEDEN CONTAR CON NOSOTROS PARA SIEMPRE, MIENTRAS EXISTA EL  AMOR Y LA  IMAGINACIÓN.
NELSON URES.

07-05-09


Pintura :Elizabeth Conde

lunes, 25 de abril de 2016

YO QUE TE SUEÑO, TU QUE ME MIRAS (CUENTO)

Yo que te sueño, tú que me miras.
(A la memoria  de mi abuelo Juan Bautista Villegas y mi abuela Ramona Brito de Villegas)

Cuando mueras extrañaré tu silencio, el mío me lo guardo como la voz profunda de los sueños.
En esta casa habitan tus murmullos (que son pocos en relación a lo largo y lento de estos últimos días de nuestros cincuenta y dos años de casados).
Regularmente tus palabras son evocación reiterativa de hechos ya pasados, rondando casi siempre en los recuerdos de Sabino, nuestro hijo mayor, que aquella tarde prefirió, pese a la resaca de varias parrandas, ir a ver el estreno de la película de Pedro Infante, no sé cuál de ellas, pero allí, en el claroscuro del matiné, uno de sus enemigos con quien había tenido un pleito “a palos”, le clavó por la espalda, a la altura del pulmón izquierdo una certera puñalada que no le dejó vida para ver el final de la película.
Miras el chinchorro que se bambolea con el viento, tu mirada busca el peso de tu Sabino en ese ir y venir, y se te oye decir; “Allí estuviera, oyendo rancheras y pasando su borrachera”. Pero no eres tú la que controla el destino de tus seres queridos, hay otros designios más poderosos que tu amor de madre.
En otras ocasiones tus comentarios eran, a mi entender y seguramente al del perro, el gato y las flores, derivaciones de un mismo mutismo, que por lo tanto, rodaban sin piedad en la quejumbrosa melancolía de las tardes, quizá porque se referían a esos hechos inminentes de esta vida que vemos pasar: ¡Lloverá hoy, el hormiguero está alborotado¡…” ¡Mire pues, ya va a ser medio día¡”
La última vez que vino Estelita desde Maracaibo nos sorprendiste con una elocuencia poco usual en ti, quizá entonces comprendí tu molestia por esa soledad compacta que ambos sobrellevamos, bordeando los territorios del olvido, y es eso tal vez lo que más te preocupa: el olvido. Ambos hemos visto pasar frente a nosotros, como desde el andén de un viejo tren a los hijos que están y ya no están, a nietos, sobrinos, comadres y compadres, vivos y difuntos. Tú y yo somos dos recuerdos andantes en esta memoria que habitamos, ya el tiempo que nos queda es poco para prometernos gestos inolvidables.
El reproche iba dirigido entonces hacia Estelita, quien antes de casarse nos visitaba con más frecuencia, ella bien lo comprendió a juzgar por la descomposición de su semblante cuando lanzaste como un dardo aquel comentario: “Lo mejor será que uno se muera si a penas lo van a recordar es cuando ya está pisando las puertas del purgatorio”.
Aunque la comadre Rosa Elvira siempre te advertía:
-Mire comadre, no reniegue de la vida, que  quien  en eso se la pasa, Dios lo castiga alargándole más de la cuenta su estadía en este mundo.
Desde aquella noche una especie de botón invisible se oprimió para activar en mí un sueño que desde entonces no me abandona. Un sueño infalible, sobre todo cuando duermo boca arriba. Ese mismo sueño siempre se desliza entre el borde de la vigilia y dormiteos intermitentes. Entonces, el techo, a oscuras, se presta para reflejar una y otra vez, escenas que simultáneamente, estoy seguro, cruzaron por tu mente y la mía en el preciso instante cuando estalló aquella frase de la comadre Rosa.
Desde aquel día me invadió la convicción de que Juana Teresa Brito moriría primero que yo. ¡Bendito sea Dios¡…solo al pensarlo sentía un vértigo como quien un buen día despierta, inusitadamente, en la desértica superficie lunar, o se levanta a tientas en la oscurana, con una borrachera, sin saber ni siquiera en donde le queda el urinario.
-¿ Donde están las pantuflas?
-Juana…¿Dónde pusiste el mentol alcanforado?
-Juana, hágame el juguito de guayaba antes que los pájaros se las coman.
-¿Qué será esta comezón que tengo en la barriga?
-¿Ya me puso a tibiar el agua para bañarme?
Por la noche te soñaba, trajeada con aquel vestido de flores chiquitas con el que nos casamos, metida en el ataúd, como el que Crisanto guarda debajo de su cama desde que le anunciaron que padecía de cáncer. Allí te veía, dueña absoluta de tu silencio, en medio del lloriqueo y el rumor de la gente, y aquel olor a claveles remojados…y los nietos mirándote, y Estelita amarrándole las trenzas a Chelique, y yo, frio de soledad.
Te soñaba y me soñaba, profundos como en un cielo después de los chaparrones  de mayo. De día te veía lejana, trajinando con tus preocupaciones, ahuyentando pacientemente el olvido mientras acariciabas al gato como quien frota la lámpara maravillosa. Tu andar etéreo en el jardín y mi susto al no verte entre tus helechos, pero allí estabas, agachada, regañando a los bachacos por los destrozos nocturnales. Y la noche, otra vez la noche, filtrándose con su bostezo de frio y misterio para que por cualquiera de sus rendijas llegarás tú otra vez, con tus ojos llorosos y tus manos tibias, livianita en el aire porque quieres morirte y te acercas a mí, me tocas, me llamas, me mueves y chilla la cama y yo sin despertar, muriéndome a pesar de tu murmullo, llevándome el silencio que nos pertenece, y dejándote ese tajo de cielo agujereado que se llama soledad, mientras la advertencia de la comadre Rosa Elvira pone a prueba los designios de Dios.
                                                            Nelson Ures

19-04-1999

(Imagen: Autor Macario Colombo)