EL ÁNGEL QUE SUEÑA.
Nelson Ures Villegas.
Pequeñito, ángel aún, debió ocupar otro
espacio del cementerio en virtud de su condición especial.
Artemidoro, quien por ser uno de los
muertos más conocedores de la historia de todo el cementerio y la de quienes
habitaban sus dominios, ejercía desde hacía lustros el oficio de “Cronista del
Camposanto” y le correspondió asentar en el acta de ingresos de aquel año de
nieblas permanentes, la llegada de Arcadio, apuntando su nombre en la sección
de “Ángeles” pero en un renglón muy especialísimo que definía el atributo del
alma que allí se registraba. En el caso de Arcadio se leía: Sueña…por ello se
le conoció como “el ángel que sueña”.
Artemidoro conocía muy bien el extraño
caso. Por ello fue seleccionado para que diera la clase magistral a los
difuntos que terminaban su especialización en” Asuntos de Ánimas y
Espiritualidad”
Reinaba gran expectativa entre los
presentes, quienes se congregaron en torno a la muy conservada y admirada tumba
de Arcadio, la cual ocupaba un área, que, según los muchos comentarios,
correspondía al tamaño natural de la habitación del niño en el mundo de los
vivos. En aquel emblemático monumento, Artemidoro daría su conferencia.
Según los seis cantos del cuervo, eran las
6 de la tarde y Artemidoro llegó puntual al compromiso. Leticia, la Maestra de
Ceremonia, anunció el inicio de la clase: Muy distinguido público, difuntos y
difuntas presentes. En esta tarde tan especial en la que asisten a una de sus
dos últimas clases magistrales para optar por el título de “Especialistas en
Asuntos de Ánimas y Espiritualidad”, tendrán el honor de escuchar a uno de nuestros
difuntos más versados en la materia relacionada con el origen y el devenir de
la muerte, algo que a todos siempre nos ha apasionado y de lo cual aún tenemos
mucho que descubrir. Pero nuestro distinguido difunto, siendo Cronista Oficial
de nuestro Camposanto por tantas lunas, ha podido desenmarañar muchos misterios
y ha preparado para hoy una de sus mejores piezas académicas…espero que
aprovechen este singular privilegio. Con ustedes el Supradifunto Artemidoro de
Feyum.
Un denso y solemne silencio, como muestra
de supremo respeto, da el recibimiento al conferencista.
Señores difuntos, señoras difuntas…hoy les
hablaré de un caso raro… les hablaré de “El Ángel que sueña”
Artemidoro subió unos escalones que
precedían la puerta de entrada a la tumba de Arcadio y continuo su charla:
Estamos ante una de nuestras tumbas más emblemáticas; su historia se remonta a
los tiempos cuando una densa neblina mantuvo a nuestro camposanto en una
atmósfera de extraña tristeza durante un año entero. Muchos de ustedes aún no habían
llegado a estos parajes, pero las crónicas hablan de “El Ángel que sueña "
como un caso relacionado a aquella extraña condición que afectó nuestra comarca
y por lo cual muchos temíamos salir de nuestras tumbas, fundamentalmente por el
desconocimiento de las causas de aquel fenómeno, que, en consecuencia, lo
tornaba en un misterio.
Muchos decían que un espíritu vivo rondaba
los parajes de nuestro camposanto…algunos incluso oían el llanto de un niño que
se proyectaba en eco desde este lugar, desde esta tumba, y luego el lamento
adolorido de una mujer.
Como ustedes pueden ver; esta tumba semeja
una habitación, y por hechos ya comprobados, es la réplica exacta del
dormitorio de un niño, un niño llamado Arcadio, quien, con sus cinco años, no
le correspondía aún su advenimiento a nuestro mundo, y sus sueños de niño se
mantuvieron intactos y muchos de esos sueños han determinado gran parte de
nuestra cultura.
Pueden observar, a través de estas paredes
de cristal, la cama de Arcadio. Dicen que su madre venía todos los días al
cementerio a tenderle sabanas limpias y permanecía horas arreglando la
habitación, conversando con su hijo. Allí está su bicicleta (Artemidoro, en un
movimiento fugaz le da con su huesudo dedo índice al rin de la bicicleta y la
rueda gira emitiendo destellos de luz) Allí, su cometa, con su larga cola…por
allá sus muñecos, su colección de carritos y lo que más apreciaba: su trencito
eléctrico.
Hasta los momentos los vivos que deambulan
por estos parajes no han podido desvalijar la tumba, por cuanto el
encantamiento que hay en ella los espanta. Risas de niños atormentan a los
intrusos y a partir de allí, cuando van a dormir, un sueño recurrente con la
tumba y niños jugando en ella se apodera de sus pobres almas…la locura es el
epílogo de sus vidas. Algunos de ellos, ya muertos, permanecen en el área
especial de recuperación…por sus relatos nos hemos enterado de una parte de
esta historia.
¿Qué ha sucedido en este caso? se
preguntarán ustedes (la expectativa es inmensa entre los presentes, quienes
toman notas apresuradas en sus pergaminos). Pues es un caso de “Tardía
aceptación” dimensionado a un plano astral por la poderosa energía purificante
de los sueños. Nuestros estudios indican que en los sueños de algunos seres
reside la materia fundamental para establecer puentes de comunicación entre el
mundo de los muertos y el mundo de los vivos.
La “tardía aceptación” resulta de fallas en las
coordenadas vida-muerte que interrumpen abruptamente el proceso de la dinámica
cuerpo-alma, dos categorías que ustedes deben comprender íntegramente.
Pese a que el azar ha sido descartado en la dinámica
cuerpo-alma de la mayoría de entidades, vivas o muertas, se producen accidentes
inescrutables en el espectro cósmico que salen del esquema de las leyes
universales y generan grietas en el devenir de la materia y de la energía, que,
por no entenderlas aún, preferimos NO ACEPTAR. De allí que la llamada “Tardía
aceptación” retrasa la llegada o la salida a los diferentes mundos, y aquí me
refiero a todos los seres, incluyendo a las denominadas “cosas”, como esa
bicicleta cuya rueda aún gira, queriéndonos decir algo en su movimiento.
“La energía purificada de los sueños” queridos
difuntos, encontrada en ciertas almas, como es el caso de Arcadio, resulta de
algo mucho más profundo, más extendido en el tiempo y en el espacio…se trata
del AMOR…
Artemidoro señala el trencito de Arcadio y éste inicia
su marcha, deteniéndose frente a los congregados. El viejo sabio se inclina y
saca del interior del tren un pequeño pergamino y lee: "Si no tengo amor,
de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo y hasta el idioma de los
ángeles. Si no tengo amor soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una
campana desafinada! …solo el amor vive para siempre "
Este texto-dice Artemidoro- es parte de una hermosa
proclama y fue dictado a una de las almas mensajeras por la inspiración poética
de la existencia a través de un sueño. Se conoce como "Corintios 13".
Ciertamente son palabras, pero más que palabras, muchas de las claves que nos
llegan de lo profundo de la inmensidad sin fronteras, donde vida y muerte es
una sola, son sensaciones, muchas de ellas convertidas en lo que se denomina
“Arte” Tienen ustedes la música (suena una cajita de música desde la habitación
del niño), la pintura (un cuadro con el rostro del niño se descubre al reverso
del cometa con un soplo de brisa )…y la más suprema de todas las artes,
presente en lo más sublime de toda creación: la Poesía.
Es pues el amor, condensado a la más elevada pureza en
la relación madre e hijo, en el caso entre Arcadio y su madre, lo que ha
permitido trascender el espíritu hacia otras dimensiones, tejiendo un puente
entre la vida y la muerte y que nos ha permitido iniciar, óigase bien, iniciar
nuestros estudios, sobre la relación entre ambos mundos, comenzando por algo
fundamental: la comunicación.
A Arcadio se le cruzaron inoportunamente las coordenadas
vida-muerte -dice Artemidoro- Su mundo no estaba preparado para despedirlo, y
el nuestro no estaba preparado para recibirlo. Su madre se hundió en un trance
manteniendo a su hijo en una disyuntiva entre las dos dimensiones. Por
ello, nuestros parajes se vieron afectados por una densa neblina y por sucesos
inusuales que figuran en varios reportes que yo he revisado muy detalladamente
para su estudio. Al término de un año Arcadio culminó un periodo que llaman
“muerte vegetativa”, pero durante este periodo no dejó de soñar, y eran sus
sueños lo que se hacían presentes en nuestro mundo, hasta que finalmente pudo
ingresar por la grieta de luz que uno de sus sueños trazó…
¿Pero dónde está actualmente Arcadio? Pregunta
Fermina, una de las estudiantes.
El viejo responde: El niño está en una región
reservada para esos casos especiales. Está en el surco de la luz y la sombra.
Lugar donde solo pueden acceder las almas supremas y lo hacen fundamentalmente
por razones científicas: para consultar en torno a los misterios que vivos y
muertos comparten desde hace millones de años.
Para la mayoría, los influjos de ese lugar solo llegan
a través de los sueños, materia que es propicia a estudios y en torno a lo cual
ustedes deberán dedicarse en los próximos periodos…
Bien, creo que ya les he cansado con mi charla…mucho
hay por investigar y eso les corresponde a ustedes. En el próximo encuentro les
hablaré de otro caso…el caso del “Espíritu Insepulto” un ser extraordinario
quien solicitó no bajar a su sepulcro hasta tanto, entre sus amados
connacionales, no se consolidará la unión que él tanto pregonó.
Ya sobre el camposanto la bruma de una noche arropaba
cada detalle y el camino de regreso a las tumbas se hizo entre rumores que para
algunos era quizá el viento entre los árboles, para otros, los ecos de una
clase magistral vibrando aun en la atmosfera de una inquietante búsqueda.
Barquisimeto, Venezuela
junio 2021