ESA MAÑANA.
Nelson Ures.
-Pero ¿usted en verdad
cree en eso?
- ¡Pues claro! le estoy
diciendo que ni usted ni yo existimos.
- ¿Cómo es eso? ¿Y es que acaso no estamos aquí, hablando?
-Es que yo lo estoy
imaginando a usted y usted a mí.
- ¡Pero es imposible! yo
lo veo, lo tocó...y me veo me toco...miré. ¡Pellízqueme la piel! ¿lo ve?
-Sí, pero eso es parte
de este juego macabro del destino...
- ¿Cómo se llama usted?
-Renzo... ¿y usted?
-Renzo.
-No me joda! ¿Qué edad
tiene?
-65... ¿y usted?
-65.
- ¡Yo mejor me voy! ¡usted
lo que quiere es volverme loco!
-No, no se puede ir.
- ¿Porqué?
-Porque estoy imaginando
que usted se queda aquí, hablando conmigo.
- ¿Y si yo me imagino
que me voy?
-Yo lo imagino que
regresa.
-Soy un espejo, soy un
espejo...
- ¡Epa! ¿y a usted qué
le pasa?
-Soy un espejo...soy un espejo…
- ¡Ahora si me jodí yo¡¡Oiga,
Renzo! ¡regrese! … ¿Qué hago ahora? ¿Yo solo aquí?
Este espejo parece un
pozo sin fondo...Allá veo un rostro... ¿será...?
El hombre, algo turbado,
siguió afeitando su barba. Esa mañana decidió ser otra persona.
Imagen: Retrato de
George Dyer en un espejo (Autor: Francis Bacon)
Barquisimeto, Venezuela.
junio 2021.

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