lunes, 21 de junio de 2021

 


ESA MAÑANA.

Nelson Ures.

 

-Pero ¿usted en verdad cree en eso?

- ¡Pues claro! le estoy diciendo que ni usted ni yo existimos.

- ¿Cómo es eso?  ¿Y es que acaso no estamos aquí, hablando?

-Es que yo lo estoy imaginando a usted y usted a mí.

- ¡Pero es imposible! yo lo veo, lo tocó...y me veo me toco...miré. ¡Pellízqueme la piel! ¿lo ve?

-Sí, pero eso es parte de este juego macabro del destino...

- ¿Cómo se llama usted?

-Renzo... ¿y usted?

-Renzo.

-No me joda! ¿Qué edad tiene?

-65... ¿y usted?

-65.

- ¡Yo mejor me voy! ¡usted lo que quiere es volverme loco!

-No, no se puede ir.

- ¿Porqué?

-Porque estoy imaginando que usted se queda aquí, hablando conmigo.

- ¿Y si yo me imagino que me voy?

-Yo lo imagino que regresa.

-Soy un espejo, soy un espejo...

- ¡Epa! ¿y a usted qué le pasa?

-Soy un espejo...soy un espejo…

- ¡Ahora si me jodí yo¡¡Oiga, Renzo! ¡regrese! … ¿Qué hago ahora? ¿Yo solo aquí?

Este espejo parece un pozo sin fondo...Allá veo un rostro... ¿será...?

El hombre, algo turbado, siguió afeitando su barba. Esa mañana decidió ser otra persona.

 

Imagen: Retrato de George Dyer en un espejo (Autor: Francis Bacon)

 

Barquisimeto, Venezuela.

junio 2021.