CUMPLEAÑOS
Nelson Ures.
(Del libro inédito “Escuela nuestra
de cada día”)
Una mañana transcribía los
datos de los alumnos a una de esas fastidiosas planillas que piden y piden
infinitamente desde las oficinas del Ministerio, cuando me sorprendió descubrir
que un niño de cuarto grado cumplía años ese preciso día. Evoque de inmediato
el día de mi cumpleaños y el esmero con el que mi mamá, a pesar de la pobreza
de nuestro hogar, nos celebraba ese día, una palabra incluso era suficiente
para reconfortar nuestro andar por los años. Fui al salón de cuarto grado y
pregunté quien era el niño. Tímidamente uno levanto su mano y me dijo: Yo señor
Director… ¿sabes que fecha es hoy hijo? Le pregunte. El miro su cuaderno donde
escribía todos los días la fecha y me la dijo. Me dirigí a todos los alumnos y
les dije: él cumple nueve años hoy, vamos a felicitarlo y a cantarle el
cumpleaños. El niño se sonrojo, los otros cantaron el cumpleaños y la maestra
corrió a felicitarlo.
El hecho lo referí en una
reunión con madres y representantes al consultarle los elementos para nuestro
próximo proyecto pedagógico, en donde se había sugerido que trabajáramos sobre
Les dije que este asunto de la
identidad es algo mas profundo que sacar la cédula de identidad. Tiene que ver
con cada fibra de lo que somos como persona- les dije- y es que a veces
olvidamos hasta hacerle un cariñito a nuestros hijos cuando cumplen año, o como
nos sucedió una vez que le preguntamos el nombre a una de las niñas y resulta
que lo que ella sabía es que le decían “la niña”, pues así es como le llaman en
su casa y entre sus vecinos. Así como olvidamos o no le damos importancia a
cosas aparentemente sencillas, nos disgregamos como comunidad, no somos capaces
de encontrarnos en el afecto, en la alegría o en la tristeza, vaciamos nuestra
identidad al punto de perder la memoria sobre acontecimientos familiares o
comunitarios.
¿Cuándo nació esta
comunidad? ¿A que le debe su nombre?
Talvez seamos como un niño que
para efectos estadísticos solo importa que sea un número más, otros oscuros
elementos llenarán sus días por venir.
La identidad… ¡Qué profunda e
intima sustancia con la que se construye nuestra nación! En la escuela tratamos
de comprenderla desde la sonrisa de un niño, desde el vuelo de un pájaro, desde
la palabra sabía de los viejos del caserío, desde la aridez de una tierra que
nos pertenece y de unos sueños que a veces se nos ponen tan difíciles, pero que siguen siendo nuestro aliento para creer en la vida.
Caserío El Auyamal. Municipio
Jiménez, Estado Lara. Venezuela
Mayo del 2012.

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