UN SANCHO EN LA NOCHE.
(Del libro inédito "Designios y albedríos"
Algunos perros ladraban a inexistentes intrusos en una noche de miserables luces fugándose al silencio; ruidos huidizos en ecos temblorosos no revestían importancia para esta parte humana de ojos cerrados y almas levitadas en la onírica paz del breve olvido.
Navegaba en tinieblas mi pensamiento de sueltos aleteos, sin plan de vuelo.
Un espacio buscaba mi mirada en la nada, un delta buscaba mis horas sin números ni nomenclaturas para vaciar su tiempo; cerca lo dulce a lo salado como el río y el mar.
Ya no ladran los perros y es hora del hechizo, cuando cada murmullo puede ser poesía y cada sombra atrevida tiene algo que decir para intentar ser, en el tiempo preciso, algún trazo de luz de fugitiva gracia o desgraciado olvido.
El loco que quiso derrotar gigantes también duerme quizá y no está acá para señalar la ruta por donde ha de florecer la justa andanza.
Si quiero socorrer de este destierro a esta noche de tan alta soledad y de poco brillo, tendré que decirle a los que duermen, cuando emprendan, ya despiertos, sus destinos, que yo estuve allí y pude desprender con mi desvelo, un pétalo de pobre noche, noche mía, y hacerles saber que hay batallas solitarias que algunos le ganamos al hastío y que pudieran ser aire triunfal en la victoria de todos ante la incógnita común de la que formamos parte, para seguir martillando inquietantes dilemas de a dónde vamos, de qué queremos, de quienes somos.
Los perros ahora le ladran a la gente. Amanece y mis pasos me conducen a otro día; señal de que avanzamos.
Barquisimeto, 07 de julio 2017
