Todos los días 3 del mes de mayo se inician en
Venezuela ofrendas y cantos populares a la Cruz de Mayo, tradición arraigada
desde tiempos remotos y reconocida en nuestro país como patrimonio cultural. Escribí
ésta reseña cuando Juan Catari aun estaba en este plano terrenal, un día se fue
a cantar a otra dimensión, quizá a la que tanto mencionó en sus versos. Sea éste
un homenaje a él y a tantos cultores de nuestro pueblo que cantándole a las
cosas sencillas de la fe expresan su
amor y devoción por la naturaleza, la siembra y la vida campesina.
CANTAURIAS
Juan Catarí y Trino Rivas son dos devotos a San
Antonio de Padua, plenos de orgullo y gallardos representantes de una milenaria
vocación de juglares. Sus cantaurías desgranan, en las noches de mayo y junio,
historias bíblicas y andanzas mundanas que forman parte de lo divino y lo
terrenal.
Las décimas, tonos y fugas estremecen, en el murmullo
de las cuerdas, las noches que son para andar despiertos, lavando el alma con
rocío de estrellas y pagando promesas para que el milagro no sea una utopía sino
la cura verdadera a las amarguras de la vida.
Canto profundo, mítico, espiral de tonos entretejiendo
alabanzas y misterios. De ese mundo son Catarí y Trino, quienes en este día
abren esa puerta hacia la infinitud del tiempo con la humilde palabra de
quienes se han hecho poetas por convicción, por arte de vivir.
Si le preguntamos desde cuando nació en ellos ese
esmero amoroso y leal a las cantaurias de décimas, no nos refieren fechas
especificas, sino episodios de la vida que llevan en su recuerdo como un trofeo
a la identidad: "lo aprendí de mi taita-dice Catarí-nosotros nacimos en la
hacienda El Limoncito, que quedaba por allá en Titicare, pasando el río Turbio.
-Tendría yo como doce años y mi taita me llevaba con
él a las cantaurias- Dice orgulloso Catari, para proseguir su relato.
-Él se llamaba José de la Luz y nació en 1907, era
peón de hacienda y cantaba velorios a San Antonio. Yo vivía todo eso; los
cantos, las salves, el altar adornado con velas y flores, el incienso, el
amanecer cuando reventaba el Tamunangue y esas cosas que van llenándolo a uno.
Catarí, ha sido y es un profuso compositor de décimas,
la mayoría de sus años los vivió en el
Barrio El Garabatal, al suroeste de Barquisimeto, padre de nuestro
insigne boxeador olímpico Omar Catarí. Tiene atesorada en una humilde bolsa de
plástico, unos cuantos cuadernos donde ha escrito infinidad de versos con su propia letra de hermosa caligrafía en
la que se anidan palabras, tal como le suenan y las ha oído "menta".
Así nos muestra sus decimas y cuartetos a San Antonio, a San Rafael, a la
Virgen María, al Pesebre, a los ángeles, a la Cruz de Mayo.
Trino es un recopilador metódico de esa poesía, tanto
la de catarí, como la de otros trovadores, unos muertos y otros aun vivos,
además es un excelente cantor, con una privilegiada garganta, la cual según sus
palabras "se va componiendo con el rasgar de las cuerdas, a medida que
avanza la noche y con tres lamparazos de cucuy se pone afinaíta, por ahí como a
las dos de la madrugada"
Una décima tiene diez palabras-dice Catarí- y tiene su
fuga que es un cuarteto que se va combinando y se va cantando de acuerdo al
tono.
Con sus manos rebusca en el cuaderno alguna de las
décimas que ha compuesto y nos regala algo de su misteriosa belleza:
Frente a un templo se encontraron
San Antonio y Lucifer
Discutieron a poder
Sobre los moros porfiados
Mi Dios me dejó encargado
Que Antonio los Perdonara
Y que siempre los llevara
Al santo templo de Israel
Se convenció Lucifer
Yo con Dios no quiero nada
Con Dios lo que Dios quisiera
Hágase su voluntad
Y venga lo que viniera
San Antonio siguió andando
Lo acompañaba el Señor
Llévate pues el tambor
Para irlo repicando
Así vamos predicando
La palabra verdadera
Y se alejaban las fieras
Así el infierno tembló
Y al demonio se le oyó
Con Dios lo que Dios quisiera
San Antonio sacrosanto
Profesor de ideología
El firmó que defendía
La grandeza de su manto
Y se convirtió en un santo
Pa toda la humanidad
Con su santa majestad
Luego de escuchar esos versos, le cuento a Catarí y a
Trino que estuve en un velorio que le cantaron a la Cruz de Mayo, y ambos
aprovechan para exponer su sapiencia en la materia.
-Antes se cantaba la salve-dice Catarí-había una cruz
en el patio y pa principia el velorio, se le cantaba a la cruz y luego en el
altar se hacían las salves, dependiendo de cuantas había ofrecido el dueño de
la promesa. La cantauría, los tonos y las décimas dependían a qué santo se le
tenía que cantar. Si era a la Cruz, pues se cantaban versos con esos motivos.
Para continuar el recorrido por el memorial vibrante
de estos artesanos de la palabra, les pregunto:
¿Cuáles son los cantores que les han acompañado en
esta tradición?
Catarí pone de manifiesto su emoción al recordar a sus
amigos:
-Esa es una dicha cantar en esos velorios. ¡Dígame
cuando nos juntamos cantores de los buenos, para mencionar a algunos como el
amigo Trino Rivas, aquí presente, a Teodoro Sandoval quien es de Rio Claro, a
Luis Rodríguez, Pablo Pérez, a Castillo que tiene una buena garganta, a Herenio
Lucena. Mire, cuando vamos llegando nosotros a esos velorios la gente dice: ¡A
buena trabuca¡ y nosotros orgullosos.
Mi imaginación vuela hacia esas noches cuando estos
recios y devotos hombres elevan sus versos junto al rasgar de cuerdas para
proclamar, en sus coros, pasajes bíblicos, la vida de los santos, la pureza de
los ángeles, y la gracia de este pueblo
grande y bueno.
Me
despido de Trino y al amigo Catarí le agradezco el haberme recibido en su
sombrío patio, donde seguramente muchos velorios se habrán predicado. Aquí
también aprendí que la humildad no se nombre en la casa del humilde; ésta se ejerce en los
pequeños hechos que hacen grande al hombre y Juan Catarí es de una dimensión
que merece la medalla olímpica de la cultura.
Velorio a la Cruz de Mayo, autor: Francisco Rolingson (Píritu)